Durante este largo mes iniciático estuvimos recibiendo mimos de todo tipo. Sepan que por aquí nos alegramos por todos ellos y que los hemos disfrutado como locos. Ya de paso, pedimos disculpas a quienes nos escribieron a la casilla de correo electrónico y aún no recibieron respuesta. La impericia (hay que decirlo con sinceridad) hizo que nos enteráramos que allí dormían un cúmulo de felicitaciones recién cuando estábamos cerrando este número, y todavía estamos respondiendo los mensajes.

Pero más allá de lo motivador que resultan todos los lindos deseos y piropos, lo mejor es comprobar que el interés por reconocernos en otros paisajes, otras experiencias, otras gentes, que no son las de la cotidianidad de cada uno, está latente y emerge al menor estímulo. Es probable que la realidad incansablemente repetida entorno a la macrocefalia capitalina tenga una incidencia definitoria en el adormecimiento de la inquietud: Montevideo ha primado siempre.
Ya sabrán otros cómo hacer los grandes cambios hacia la descentralización tan y por tantos proclamada. Nosotros, con Ajena, aportamos nuestro granito de arena dispuestos a alcanzar y superar esos tan tímidos como caprichosos 12.640 quilómetros de recorrida propuestos al inicio.