Las instituciones del Estado están cerrando oficinas o dejando de enviar funcionarios a algunos pequeños pueblos del país. Es un criterio de “racionalidad”, argumenta el Estado, mientras no termina de ofrecer alternativas y los vecinos afectados deben trasladarse a otros pueblos o a las ciudades vecinas para realizar trámites tan sencillos como el pago de una factura.

“—¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
—Comala, señor. […]
—¿Y por qué se ve esto tan triste?
—Son los tiempos, señor.”

Juan Rulfo (Pedro Páramo)

Es un día caluroso en Mal Abrigo.

El viento, sostenido, firme en sus pequeños embates, apenas si puede hacer frente al sol, que calienta con agobio veraniego cuando todavía el almanaque no ha dejado atrás el mes de octubre. El celeste del cielo –un cielo vasto, interminable– es fuerte, casi violento.

El campo se extiende, como el cielo, hasta donde alcanza la vista.

Mal Abrigo está en silencio, y sólo los vehículos, en su mayoría camiones, entorpecen de tanto en tanto la quietud, robándole al pueblo parte de su tranquilidad.

—Se respira campo –dice Daniel Bentancor, recostado sobre su auto.

Lleva unos lentes negros que le dan un involuntario look Mujica. Tiene el pelo color ceniza, bigotes negros y una incipiente barba a tono con su cabellera. Amable, siempre dispuesto, Bentancor es el responsable de la visita de Ajena a Mal Abrigo y oficiará de guía a la hora de recorrer el pueblo, tarea que en auto no insume más de quince minutos.
Mal Abrigo está en el quilómetro 124 de la ruta 23, 35 quilómetros al norte de San José de Mayo. Según el censo de 2011, viven allí 344 personas.

La ruta parte el pueblo en dos. Hacia el oeste, el “pueblo viejo”; del otro lado la parte nueva, donde destaca la uniformidad arquitectónica de las viviendas de MEVIR. Algunas de ellas están pintadas con sobriedad; otras con dudoso criterio estético. Varias están deshabitadas. Construidas originalmente para jubilados, la empresa constructora se fugó con la última partida de dinero y nunca más nadie se hizo cargo del asunto. Hoy son esqueletos que con suerte conservan algunos vidrios que penden de las ventanas como colmillos deformes. Desde afuera se puede observar algunas grietas en las paredes. Un perro duerme en la entrada de una de estas casas.

Cruzando la ruta está la parte “vieja” del pueblo.

El sol, la claridad del día, el calor, no son suficientes para atemperar la sensación fantasmal de una estación de tren abandonada.

En una época ya lejana, de la que sólo sobreviven el recuerdo de los más viejos y algunas fotos, la estación de Mal Abrigo supo ser el núcleo del modesto esplendor del pueblo. Estación de trasbordo en la que confluían el ramal que iba a Mercedes y el que tenía como destino la ciudad de Colonia, Mal Abrigo era un lugar en que los viajeros de entonces estaban en tránsito.

Hoy en esta parte del pueblo el paisaje se vuelve monocorde en su desolación. De acuerdo al censo de 2011, de las 200 viviendas que existen en el pueblo 74 están desocupadas.

MAL ABRIGO 3 - Manuela Aldabe
En Mal Abrigo tienen que recorrer 35 quilómetros para pagar algunas facturas. En otros pueblos las distancias son mayores. FOTO: Manuela Aldabe.

Meses atrás una carta de Bentancor despertó el interés de algunos medios. En la misiva detallaba la situación del pueblo, de donde paulatinamente las empresas del Estado se están retirando. Hace dos años fue UTE. Los habitantes reciben las facturas en sus casas, pero deben trasladarse hasta San José para pagarlas. Recientemente pasó lo mismo con OSE. Hasta el mes de setiembre la gente recibía las facturas en sus domicilios y allí constaba la hora y el día en que un funcionario del organismo se apersonaba en un pequeño local que hacía las veces de oficina comercial. Abría una vez por mes, durante una hora. Ahora deben pagar en San José. También la patente de rodados tienen que abonarla en la capital maragata. La Junta Local de Mal Abrigo sólo cobra la contribución urbana y la rural. El Banco de Previsión Social (BPS) todavía envía mensualmente a un funcionario –también durante una hora– para el pago de jubilaciones y pensiones. Según Bentancor, la empresa anunció que también se retiraría.

Consultada sobre el tema, la subgerenta del Área Comercial Operativa de OSE, Alicia Rossi, afirmó a Ajena que el cese por jubilación de la persona encargada de los pagos y, por otra parte, que la oficina comercial no cumplía con las condiciones de seguridad exigidas fueron lo que llevó a la suspensión del servicio. Desde el BPS el gerente de las Unidades Descentralizadas, Juan Carlos Pais, manifestó a Ajena que “por el momento no está previsto interrumpir el pago” de las jubilaciones y pensiones en Mal Abrigo.

Bentancor sabe que, de todas formas, la realidad de Mal Abrigo es mucho mejor que la de cientos de pueblos del Interior profundo, que en algunos casos hasta carecen de luz eléctrica y agua potable.

“Imaginate esos pueblos al norte del país, que están a 100 quilómetros de todo y a veces tienen que ir por caminos de tierra o sendas de paso. Nosotros estamos bendecidos por la ruta; la tenemos al lado”, reconoce. “Tenemos que solucionar todos esos temas. Por eso me pareció bueno tomar a Mal Abrigo como estandarte, como representante de una situación que nadie ve, nadie habla de ella.”

Aníbal Bilat, secretario de la Junta Local de Mal Abrigo, recuerda aquella mañana de fines de noviembre de 2004 en la que el entonces presidente electo Tabaré Vázquez, en gira de agradecimiento por pequeñas localidades del país, se dirigió al centenar de personas que lo escuchaban “diciendo que quería simbolizar en Mal Abrigo el abandono en que tenían a los pueblos”.

Hoy Bilat asegura que el abandono continúa, y que lejos de ver mejoras, se “está cada vez peor”. Según el jerarca, este tipo de decisiones, en referencia a los pagos de las facturas, son tomadas “detrás de un escritorio” por personas que “evidentemente no conocen los pueblos, su realidad”.

Asegura que aunque al principio la gente protesta ante las medidas, con el tiempo “entramos como a entregarnos. Tengo que ir a pagar a San José, y tenés que ir. Te entregás”.

Otro problema, dice, es que la gente se está yendo del pueblo. Para Bilat, esto se debe a la falta de trabajo, que en San José se concentra en el “corredor” de la ruta 1 y la ruta 11. Sostiene que si bien la ocupación en Mal Abrigo es “bastante buena”, se debe a que “los jóvenes se van, si no habría una desocupación importante”. “Si esos jóvenes se quisieran quedar, no pueden, y si se van, difícilmente vuelvan”, agrega.

“La descentralización en estos pueblos no corre. La realidad se da de frente con eso”, asegura.

MAL ABRIGO 5 - Manuela Aldabe
                                                                                                                                                                                                                                                                                           Foto: Manuela Aldabe

En el parador El Galpón la especialidad de la casa son los tallarines caseros. “Muchas veces llaman y me dicen: ‘preparame esos tallarines caseros picados a cuchillito’”, cuenta Celia Montes de Oca, su dueña. Habla con la serenidad y la seguridad de quien se ha forjado un camino propio y ha sorteado un obstáculo tras otro, aun en los entornos más hostiles. Sus palabras reflejan la firmeza de una mujer que toma decisiones y fija límites en un ambiente en el que predominan los hombres.

Aunque reconoce que puede ser un “consuelo de tontos”, dice que lo que ocurre con los servicios está pasando en todos los pueblos chicos y no sólo en Mal Abrigo. “Desde el ferrocarril, que era un servicio”, recuerda. Le quita trascendencia al hecho, y entiende que los 35 quilómetros que separan el pueblo de la capital departamental, “como que no es distancia”, por lo que entiende la política de las empresas. Para Celia los habitantes del pueblo se dejan ganar por la ansiedad, “y vivimos en un país en que es todo burocracia. Lo que nos falta es constancia y no ser tan ansiosos”, dice; “seguir trabajando y seguirla luchando”.

Durante muchos años fue la presidenta de la Comisión de Fomento de Mal Abrigo. Por un tema estatutario, en las últimas elecciones tuvo que dejar el cargo porque no puede volver a ser reelecta. “Es el motor de Mal Abrigo”, dirá de ella después Bentancor.

La principal preocupación de Celia es la falta de viviendas. Por eso desde la comisión están en conversaciones con MEVIR para implementar un nuevo plan. “Si Mal Abrigo pudiera sacar otro plan de viviendas sería importantísimo. El pueblo necesita crecer. Porque viviremos diez años más y no queda nadie. La gurisada se va. Forman pareja pero se tienen que ir. No podés estar diez o doce metidos en una casa. Acá hay varias familias así”, asegura.

Aunque hay terrenos disponibles en la parte “nueva” del pueblo, opina que hay que revitalizar la mitad vieja de Mal Abrigo. “Se está viendo si se puede lograr que la Intendencia recupere esos terrenos y los ceda a MEVIR. Porque ahí tenés luz, agua, un montón de servicios, y no queda “Mal Abrigo Viejo”, que es la parte de AFE, solo. Ya quedan no sé si 15 casas habitadas, lo otro son rancheríos o terrenos que los árboles o las cañas se los van comiendo”.

Según Bentancor, buena parte de la población de las ciudades desconoce la situación de estas localidades. “Y cuando pasan por estos pueblos dicen ‘qué lindo este pueblito’, pero ‘yo nunca viviría acá’. Reconozcamos al revés: si yo no viviría acá, entonces esta gente la está pasando mal.”

MAL ABRIGO 4 - Manuela Aldabe
El pueblo duerme la siesta bajo un marcado cielo celeste que regala la primavera. FOTO: Manuela Aldabe.

Para el sociólogo Alberto Riella el cambio estructural en la matriz productiva del país ha generado simultáneamente movimientos a nivel poblacional y de “refuncionalización” de algunas localidades del Interior, que asumieron nuevos roles a partir de las necesidades de ciertos sectores de la producción agropecuaria. Uno de los cambios es una “muy fuerte” reducción de la población rural. “Ya casi nadie vive y trabaja en los establecimientos rurales. La gente va y viene a trabajar al campo como si fuera una fábrica”, ejemplifica. “Entonces estas pequeñas localidades cobran una importante vitalidad, porque nutren ese mercado de trabajo, y se están reconfigurando a sí mismas”, apunta. En esta rearticulación, mientras algunos pueblos crecen, otros van quedando por el camino. “Se desfuncionalizan”, define.

Respecto al “retiro” de algunas empresas públicas, como ocurre en Mal Abrigo, Riella opina que “no es que se estén retirando, se están readecuando”. “Esta reestructuración de los pueblos genera un desafío para las empresas y los servicios públicos, que antes estaban estructurados en función de una lógica radial” con cada empresa del Estado instalándose por su cuenta en el territorio, “cuando deberían llegar mucho más en bloque y articuladas”. “Territorializar las acciones del Estado es algo muy complejo”, advierte.

Si bien es un proceso novedoso que Uruguay de a poco está abordando, Riella destaca que hoy “está en discusión, antes no lo estaba”.

“Así como se visualizan otras desigualdades y se actúa sobre ellas, también hay que actuar sobre las desigualdades territoriales. Y hay que tener instrumentos que permitan trabajar sobre esa desigualdad territorial. Creo que para afrontar los desafíos que supone el nuevo estilo de desarrollo que quieren imponer los gobiernos progresistas, cada vez más necesitan de alguna manera incorporar una dimensión territorial para lograr esos objetivos.”

Carlos Fagetti es coordinador de Uruguay Integra (UI), “un programa de cohesión social y territorial, que se ubica dentro del Área de Políticas Territoriales, de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto. El eje fundamental es disminuir las brechas de acceso a los derechos entre ciudadanos de distintos territorios, para lo cual maneja un sistema de fondos o incentivos a iniciativas provenientes de esos territorios”, explica en conversación con Ajena.

Los fondos se otorgan en función del índice de cohesión territorial. Este índice mide vulnerabilidades como la pobreza y la indigencia, el nivel educativo de cada población, los índices de ingreso y el acceso a los servicios. La prioridad para acceder a los fondos la tienen las intendencias, los municipios y las localidades con índices más bajos. Entre los objetivos principales se apunta a compensar las diferencias surgidas de la concentración de la actividad económica en determinados territorios en detrimento de otros, y a favorecer la conexión horizontal y transversal entre las regiones, no sólo a nivel de transporte, sino en lo que respecta a los servicios de educación y salud.

En línea con Riella, Fagetti considera que los cambios en el campo uruguayo han modificado las reglas de juego, lo que ha llevado a que “algunos pueblos están perdiendo y otros ganando”. Cree que en este reordenamiento de los servicios y las ofertas “es imposible que en todos los lugares haya todas las ofertas”. Para el coordinador de UI, “la descentralización tiene que tener una racionalidad”, y pone como ejemplo a la Universidad de la República, donde se ha apostado a la descentralización, pero atendiendo a que no haya “superposición de carreras, o sobreoferta”. Lo importante, de todos modos, es que “quien quiera hacerlo, tenga las posibilidades. Ahí el Estado lo que tiene que hacer es buscar las alternativas, sobre todo para los jóvenes, para que en la medida en que el chiquilín quiera seguir viviendo en su lugar, tenga igual la alternativa de ir a un servicio de educación, salud, cultural, de ocio, y que sean de calidad”.

“Tener oficinas en todos lados, como era antes cuando la otra oficina estaba a muchos más quilómetros, capaz que es imposible”, asumió.

MAL ABRIGO 2 - Manuela Aldabe
Alguna vez el pueblo fue estación de trasbordo de trenes; una ebullición de viajeros siempre en tránsito. FOTO: Manuela Aldabe

Pirí Inchalá

Desde el año 2008 Bentancor coordina la Red de Centros de Desarrollo Regional (CDR) Pirí Inchalá. En Mal Abrigo existe uno. El nombre, dice, es una expresión charrúa que significa “toldo hermano”.

Su objetivo es enseñar el uso de las tecnologías de la información y la comunicación como herramientas para el desarrollo. “Cuando llegamos no había internet; el primer mail que se mandó de Mal Abrigo se envió desde acá. El Plan Ceibal todavía no se había desarrollado. Le enseñamos al 90 por ciento de la población de Mal Abrigo, y había gente que venía en moto a las clases de informática desde 30 o 40 quilómetros”, recuerda Bentancor.


Gobierno electrónico pueblo a pueblo

A fines de 2013 la Agencia para el Desarrollo del Gobierno de Gestión Electrónica y la Sociedad de la Información y del Conocimiento (AGESIC) comenzó a implementar los puntos de atención ciudadana (PAC). Una iniciativa que tomó la experiencia de los centros de atención ciudadana (CAC) de la OPP y reformuló su estrategia para así alcanzar a la mayor cantidad de localidades del interior del país. En los PAC se informa y orienta a los ciudadanos en materia de todo tipo de trámites ante organismos estatales.

Virginia Pardo, directora del Área Ciudadanía Digital de AGESIC, recuerda que los CAC “tenían cajas, pero por un tema de seguridad y de costos se cambió la estrategia”. Ahora el objetivo es “agregar” puntos de atención y “complementar”, de modo que la solución al tema de los pagos “venga por otro lado”.

“Separamos dos problemas distintos y los atacamos de diferente manera. Por un lado llegar a la población con toda la información y con una atención de calidad, e incluso se puede usar como herramienta para que el ciudadano sepa que hay muchos trámites que se pueden hacer en línea. Por otro lado se está trabajando a nivel general para lograr solucionar el tema del acceso a los pagos”, explica.

Pardo adelantó que la dirección de AGESIC está trabajando en esto junto a los entes y a servicios como Red Pos, que “se estandarizó” en muchas localidades a partir de la tarjeta del Ministerio de Desarrollo Social. “Hay quioscos, supermercaditos, almacenes que la manejan en más de 4 mil localidades y pueblos. Lo que se está haciendo es incentivar a estas redes de Pos a que empiecen a cobrar facturas de los entes”, señala. A través de estas redes ya se están cobrando facturas de UTE, se está por cerrar el convenio con ANTEL y se está en tratativas con OSE. Para 2015 se espera que estén contempladas todas las oficinas del Estado. “Sabemos que es uno de los problemas más grandes que tiene esta parte de la población. Tener que trasladarse quilómetros para pagar una factura es algo que no deberíamos concebir.”

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