Es como una olla repleta hasta el borde que el hombre comenzó y la naturaleza terminó. Agua cristalina que no se vende ni se usa. La quietud del lugar no condice con su nombre: las canteras de El Terrible, en el departamento de Salto, se guardan para unos pocos curiosos.

El basalto es una piedra que asusta. Se la reconoce por ser de esas que matan el espíritu y cortan el envión de aquellos que a pala limpia buscan abrirse camino luego de unos metros de tierra ligera. Los geólogos dicen que es una roca ígnea volcánica, y con eso la imaginación se dispara. Enormes rocas son el retén para que la ciudad de Salto no se caiga al río.

Quince quilómetros al norte de la capital departamental se levanta la represa hidroeléctrica de Salto Grande, una obra de ingeniería moderna construida entre 1974 y 1979, encargada de proveer la mayor parte de la energía eléctrica que consume Uruguay. Una mole que divide al río en dos: uno amplio, quieto y marrón oscuro, y el otro el rápido, espumoso, que viborea. La inmensidad de esa estructura y su importancia estratégica explican que en la ciudad cítrica sus pobladores utilicen su construcción como mojón en el tiempo: “¿Vos te casaste antes o después de que se hizo la represa?”, o “Yo vivía en pueblo Constitución, antes de la represa”, son frases que aparecen en la conversación entre salteños.

Como toda inmensa construcción humana, distrae. El explorador que busca lugares nuevos y escondidos, vírgenes si fuera posible, pierde su atención inicial cuando llega a la zona. La mole que genera energía también asusta. Es necesario detenerse y pensar en el “cómo se hizo”; hurgando un poco se llega a las canteras de El Terrible.

Nueve quilómetros más al norte, por un camino de pedregullo bien aferrado, de esos que soportan las lluvias sin despeinarse, se ubica la cantera de donde se extrajo el basalto utilizado para construir el dique que forma el embalse de Salto Grande. Tres años llevó hacer ese inmenso cráter, luego la naturaleza intervino para generar un curioso caso de acumulación de aguas de manantiales naturales, que debido a la construcción de una ataguía no mezcla sus aguas con el lago de Salto Grande y mantiene así su increíble pureza. La diferencia en la calidad del agua es lo primero que se percibe al llegar al lugar, el embalse marrón del lago contrasta con la transparencia del agua de El Terrible.

El origen del nombre no tiene registros claros: se habla de un paso que unía dos caminos de la zona, sobre el arroyo Itapebí. Según explican los memoriosos, en épocas de creciente del arroyo muchas personas que se arriesgaban a cruzar eran arrastradas por la corriente de agua poderosa y traicionera, que en más de una ocasión se llevó autos y carros junto a las vidas humanas. La otra acepción, menos comprobada, habla de que en esa zona vivía un hombre, cuyas acciones lo llevaron a obtener el apodo de “Terrible”, aunque poco más se sabe de ese señor.

Tres años llevó hacer ese inmenso cráter, el resto fue obra de la naturaleza.
Tres años llevó hacer ese inmenso cráter, el resto fue obra de la naturaleza.

Luego de un repecho, el sol pega en el espejo de agua y ciega la vista. Hay varios trillos que llevan a la orilla. Hoy hay pasto en las hendiduras de las piedras, y hasta algunos arbustos.

El plato de agua que cubre la antigua cantera se ha transformado en un punto de turismo exótico poco conocido por los salteños. Llegar es difícil, y el lugar muy agreste. Pocos árboles y menos infraestructura, aunque en estos últimos años algo se ha hecho. En los días de enero el lugar es inhóspito, la piedra levanta temperaturas tan altas que la goma de las chinelas se derrite si uno se queda mucho tiempo sin moverse. No hay sombra, y todavía no se ha inventado un mecanismo para clavar una sombrilla en la piedra de basalto. El agua es la única opción, pero no existe orilla. El primer nivel tiene cuatro metros de profundidad, y poco después entre 13 y 15. La transparencia del agua deja ver el fondo rocoso, hasta que la luz se pierde y ya no se ve nada.

Los testimonios de los salteños que vivieron en la época de la represa dan cuenta de que los inmensos camiones Terex trabajaban las 24 horas sacando piedras del lugar. Durante la noche la cantera se iluminaba con reflectores. En las noches de verano y con poco viento en la capital salteña, el paisaje sonoro se llenaba de explosiones seguidas por el ruido de los poderosos motores de los camiones en una forzosa marcha en primera. Cada uno podía cargar hasta 35 mil quilos de material. La cantera se tuvo que abandonar luego de que en distintos puntos de las excavaciones –que abarcaban un quilómetro cuadrado y una profundidad de 15 metros– comenzara a emerger agua de varias vertientes. Al principio el agua se bombeaba y se seguía trabajando, pero al final las bombas no dieron abasto y la cantera fue desechada.

Tony Brochado trabajó en la construcción de Salto Grande. Hoy es buzo y está radicado en la Patagonia argentina. Recuerda que en 1984, luego de que dejó de trabajar en la represa, se ganó la vida sacando los caños que habían quedado en la profundidad de la cantera y vendiéndolos como chatarra. Su vínculo con el lugar continuó durante unos años más; junto a un grupo de salteños, frecuentaban la zona y realizaron cultivos de peces (que hoy proliferan), fauna y flora.

Es un lugar perfecto para bucear: el agua es transparente, la temperatura es buena y no hay corrientes.
Es un lugar perfecto para bucear: el agua es transparente, la temperatura es buena y no hay corrientes.

La pureza y transparencia del agua hacen que el lugar sea perfecto para bucear. Quienes lo utilizan son en su mayoría empresas argentinas que durante varios fines de semana llevan grandes comitivas a familiarizarse con este deporte. El lugar es ideal para principiantes, el agua es transparente, la temperatura es buena y no hay corrientes. Hace unos años uno de estos grupos hundió un ómnibus, para hacer ejercicios en lo profundo. Hoy una boya marca la ubicación del vehículo sumergido. El sitio también es utilizado por el Ejército uruguayo para realizar maniobras de entrenamiento.

Como toda belleza natural, el lugar hoy corre peligro. La presión que hace el lago sobre la ataguía que lo separa de la cantera, luego de una serie de crecientes ha hecho que se filtre agua de un lado a otro. Por el momento no se trabaja en ninguna solución, ya que la cantera no tiene dueño. La Comisión Técnica Mixta de Salto Grande asegura que la responsabilidad es de la Intendencia, y ésta sostiene que recibió el predio en comodato por parte del Estado pero ahora está vencido y por lo tanto tampoco es responsable.

El tesoro de agua clara está solo. Visitado por muy pocos que se arriman a su orilla y miran hasta donde los ojos lo permiten. Así de quieto espera pasar mucho tiempo más, sin que nadie lo toque.

Fotografía: Gerardo Fiorelli