A ambos lados de la ruta 18, en el tramo que une las ciudades de Vergara y Rincón, más precisamente en el quilómetro 345, una colonia de millones de “arañas voladoras” tejió un extraordinario velo blanco.

El fenómeno fue muy breve. El domingo 30 de agosto se las podía ver trabajando incansablemente en la confección; el lunes a la mañana estaban muriendo. El sábado siguiente, cuando el equipo de Ajena llegó a las inmediaciones de Arroyito sólo quedaban cadáveres de ocho patas y muchos restos de tela. En las inmediaciones, otros curiosos recogían restos a modo de recuerdo.

El material de la tela es de verdad muy extraño. Las que fueron destruidas por el viento conformaron algo parecido a unos hilos gruesos, como un hilo dental de tela de araña. En comparación con las telas comunes éstas son mucho más resistentes, además el entramado es más fino, y su color, blanco.

Camino de regreso a Vergara nos detuvimos a presenciar una escena interesante, y de paso a conversar un poco sobre el fenómeno arácnido. Ruben, que con la ayuda de un trípode hecho con varejones de eucalipto asistía a una vaquillona caída, nos contó su versión.

—Nunca visto. Era como una tela blanca que caía del alambrado. Ahora, esto no era nada, donde había tela mismo era en Los Corrales.

Al pueblo llegamos con la intención de conversar con algunos pobladores. Curiosamente, la gran mayoría de las personas con las que hablamos no se habían trasladado a presenciar la invasión. Igualmente aseguraban que había ocurrido y hacían referencia a la cobertura mediática para “documentar” sus historias. Casi con orgullo contaban que “se habló de las arañas en la televisión, en la radio y en los diarios”. Es como si a los locatarios les resultara más novedosa la presencia de los medios que la razón que los trajo.

Todos nombraron a Martín. “Hablen con Martín, el de la radio, él sacó fotos y las subió a Facebook.” Martín es el responsable de la única radio comunitaria de Vergara: Mega FM. Fue quien construyó la noticia, quien la documentó. Luego de ofrecernos gentilmente sus fotografías y recomendarnos que visitáramos su página, nos dio un dato interesante.

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El extraño fenómeno duró apenas unos días. Foto: Santiago Mazzarovich.

—Ustedes tienen que hablar con Yepes. Sabe de arañas y de bichos. Yo saqué fotos y me fui, él estuvo horas observándolas trabajar, las filmó, les sacó fotos. Dice que saltaban, tiraban la tela y salían volando…

—¿Tipo Spiderman?

—Hablen con Yepes.

Preguntando y sin dificultades llegamos con la intriga al rancho de José Silvera, el “Yepes”.

—No está –nos dijo su compañera, y luego de advertirnos sobre la humildad de su vivienda nos invitó a pasar. Una de las hijas salió en su búsqueda.

La vivienda está compuesta por dos piezas: un dormitorio y un líving (que además sirve de cocina, comedor…). El techo es bajo y de paja; lindera al lavabo de la cocina, una mesa con una computadora. Al medio de la sala hay un televisor, detrás, un mueble de cocina aéreo; en una de sus puertas resaltaba un colorido adhesivo de Spiderman.

—¿Sabe de arañas, Yepes?

—Saber no sabe. Le gusta todo lo que sea bicho, cada tanto agarra su cámara y se nos pierde en el monte durante horas… Ahí viene, lo saco por el ruido que hace la bicicleta.

Bajo, robusto, serio y amable. Guardó el asado que traía de la carnicería y se dispuso a preparar su cámara de fotos.

—¿Qué edad tiene?

—Uf, ¡muchos! –interrumpió Cindy, una de sus hijas, con el fin de pelear con su padre.

—Cincuenta y uno –agregó la señora de Yepes.

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Vecinos de la zona llegaron al lugar para ver el trabajo de las arañas. Foto: Santiago Mazzarovich.

Silvera no sólo fotografió a las arañitas, sino que además las filmó mientras confeccionaban la tela. Eran muchas, amontonadas, rápidas. Se comportaban similar a las hormigas cuando se les destruye el hormiguero. Y, efectivamente, eran “voladoras”. En determinado momento, una del montón adoptaba una postura distinta, como encrespada, luego arrojaba tela y salía “volando”. Además, en los registros de Yepes se pueden identificar por lo menos tres tipos de arañas: una marrón (las más numerosas), otra gris, más grande y con una raya blanca sobre el lomo, y otra más grande aun, pero sin raya.

Emprendimos el regreso a la ciudad de Treinta y Tres entrada la noche, con ganas de quedarnos en el rancho de Yepes y seguir de prosa. Pocos días después de la visita a Vergara llegaron a las manos de este cronista una serie de versos; los hombres también tejen:

Con octosílabos versos
y octópodas alimañas,
al confín de la campaña
llegó el estupor y el rezo.
Un velo blanco y espeso,
como hueso de bagual,
fenómeno sin igual
rápido como una yara,
desde Rincón a Vergara
arácnido material.

Llegó un cronista elocuente
y un fotógrafo eficaz
que como un ave rapaz
a los dos lados del puente
pa’ sorpresa de la gente
que paseaba allí en la zona
al animal la persona
apretaba su gatillo
rescatando cada brillo
como grasa en la carona.

Entre Vergara y Rincón,
al lao ’e la carretera,
como señal agorera
fruto de una maldición,
del diablo la condición
desde el llano hasta la cima
como el fuego en la cocina
imprescindible pa’ todo
la ciencia calla a su modo,
este es el cambio del clima.