Tres de los cinco liceos con mejores resultados educativos están en Colonia, departamento que además tiene la tasa más baja de fracaso escolar de todo el país. ¿Cómo es eso posible? Ajena recorrió sus ciudades, hiló fino y encontró en las señas fundacionales de cada comunidad pistas para entender esa realidad.

La carretera está impecable. Por la ruta 1 se recorren los 177 quilómetros que separan Montevideo de Colonia y es fácil distinguir que es una de las mejor mantenidas de Uruguay. Sin embargo, el paisaje urbano a su vera –desde el puente del río Santa Lucía hasta las palmeras que delatan la proximidad de la ex ciudadela portuguesa– no presenta la misma unidad. Entrando en San José, la nueva cartelería que anuncia la “Ciudad del Plata” parece querer saldar una vieja deuda con esta ciudad dormitorio expandida ante la indiferencia de las autoridades maragatas: Delta del Tigre, Rincón de la Bolsa y Playa Pascual, crecieron carentes de servicios, caminería digna y espacios recreativos. La espontánea trama urbana se fue trazando sin planificación ni contención, con las familias pobres corridas del campo y las que huían del costoso nivel de vida de la capital. Y si bien la Intendencia ha buscado atraer inversiones que generen nuevas oportunidades, los grandes galpones que apilan brillosas carcasas de vehículos chinos parecen estar lejos de ser la respuesta.

El sistema educativo no tuvo mejores reflejos. Los liceos de Playa y Rincón son motivo de conflictos, ya sea porque la infraestructura es poca o inadecuada, por la (in)seguridad en el predio o por las diferencias entre los docentes y los directores. Y más allá de que lo edilicio parece encaminarse, como lo muestra el nuevo liceo de Delta del Tigre (una construcción súper moderna, con césped en el techo y todo), los números hablan de fracaso: la repetición y el abandono en ciclo básico afectan a más del 50 por ciento de los estudiantes.

Basta cruzar el arroyo Cufré y llegar a Colonia para que muchas cosas cambien. El poblamiento irregular y carente de cuidados mínimos cede ante un rosario de localidades que lucen firmes y orgullosas, con sus prolijos trazados en damero, vistosas plazas, casas con coloridos jardines, y carteles de bienvenida. Otro contraste se hace evidente: en los liceos de Nueva Helvecia, Colonia Valdense o Rosario la tasa de repetición se ubica en el entorno del 10 por ciento. De hecho, en Colonia están tres de los cinco liceos con mejores resultados educativos del país, y es en promedio el departamento con menor fracaso en educación media.1 No es difícil averiguar por qué.

En Valdense, un hermoso patio con canteros tupidos de árboles y flores hace del liceo algo más que un lugar de paso.
En Valdense, un hermoso patio con canteros tupidos de árboles y flores hace del liceo algo más que un lugar de paso.

La evidencia se palpa apenas llegar a Valdense. Allí el liceo es la institución más importante, luego de la Iglesia Evangélica Valdense. Y un orgullo para los habitantes por haber sido el primer liceo en el interior del país.

Calle Daniel Armand Ugón, esquina Thomas Hood. Las coordenadas del liceo recuerdan el origen: el pastor valdense –referente histórico de la comunidad– junto a su colega metodista fueron los responsables de la apertura de la institución el 11 de junio de 1888 que, pese al apadrinamiento religioso, fue laica.

Dice el historiador Roger Geymonat que los valdenses llegaron al país con “el templo y la escuela”. Procedentes del Piamonte, se instalaron primero en Colonia La Paz (o Colonia Piamontesa) en 1856, y se expandieron fundando nuevas colonias o habitando otras zonas del departamento: Colonia Cosmopolita, Colonia Valdense y, más lejos, Ombúes de Lavalle, Miguelete, Tarariras, San Pedro. Allí perdura el sello de estos inmigrantes, signado por una forma comunitaria de concebir la vida y el trabajo, con una apuesta al esfuerzo cooperativo, al conocimiento volcado a lo productivo y a la formación de las nuevas generaciones.

Es que lo primero que hicieron los valdenses fue fundar escuelas: en 1861 abrieron la primera escuela rural del Uruguay, el liceo llegó en 1888  –que además de laico fue mixto–, y finalmente las “escuelas del hogar” en 1918, hoy presentes en 15 localidades del departamento.

El liceo Daniel Armand Ugón (DAU) invita a estar. Un hermoso patio cuadrangular con canteros tupidos de árboles, plantas y flores, y bancos de colores, huele a charla y recreo. El estacionamiento para bicis, la plaza deportiva pegada a su lado (fundada en 1921), una hermosa biblioteca y un gigante salón multiuso muestran que el liceo no es un lugar de paso. Los estudiantes están allí más horas que las de clase, se los ve ir del patio a la plaza y de vuelta, con sus uniformes de camiseta roja y deportivo gris, diseñados por ellos mismos. “Tenían varias propuestas y esa fue la más votada”, contó a Ajena Rossana

Mutarelli, su directora. No se trató “de un reclamo por problemas de seguridad en el entorno”, sino que respondió a la necesidad de “reconocerse como estudiantes del DAU; lo sienten propio”. El uniforme habla del lugar: es una camiseta roja que tiene impreso en blanco el logo del liceo, que es el perfil de Armand Ugón y la puerta del liceo abierta, “porque este es, desde siempre, un liceo abierto”.
Mutarelli, que es de Montevideo, contó que cuando llegó al DAU hace tres años, le llamó la atención el gran protagonismo y compromiso de las familias. Cuando desde el liceo llaman a los padres vienen, se preocupan y apoyan. “Atrás de cada alumno hay una familia y una comunidad”, afirmó. Resaltó el trabajo que hace la APAL del liceo, y recordó que el gran salón multiuso fue financiado por la “asociación de amigos del liceo” que reunió a padres y vecinos de la localidad, que construyeron una casa y la rifaron. El lugar fue inaugurado cuando el DAU cumplió 100 años en 1988, y hoy es escenario de ensayos de teatro, danza, presentación de libros, charlas, y hasta matinés. En los noventa este trabajo en pro del liceo permitió reunir los fondos para montar una sala de informática, la primera que tuvo un liceo público en el país.

En el DAU, una imagen capta su espíritu. Dentro del edificio de hormigón, con grandes ventanales que rodean el patio, los colores se intercalan en numerosos murales que sucesivas generaciones de estudiantes pintaron. Uno de ellos muestra pequeñas personitas de la mano, anudadas, formando una unidad mayor, y una frase: “los nudos que nos unen”.

Para la directora Mutarelli es evidente que en Valdense, y en Colonia en general, hay un tejido social y cultural de apoyo a la educación que se explica tanto por las condiciones socioeconómicas y culturales excepcionales, que son muy favorables,2 pero también por la cultura de “liceo abierto” que tiene muchos años. El concepto es de Omar Moreira, toda una institución en Colonia por su trabajo a favor del patrimonio cultural y la educación en el departamento. Profesor de literatura, director e inspector de Secundaria, estuvo al frente del DAU entre 1985 y 1995. Hoy se dedica a escribir libros de literatura e historia local en su casa de Nueva Helvecia. La idea del liceo abierto, desarrollada en un libro publicado en 1997, tiene que ver con la tradición valdense de trabajo colectivo y en pro de la educación: “Después de la dictadura fue difícil restablecer la confianza en los liceos, entre las familias, los docentes, los estudiantes y las autoridades. La batalla en Valdense la ganamos en el patio, no en el escritorio, y con cuatro adscriptas formidables que sabían lo que le pasaba a cada estudiante, y que hoy son inspectoras, como Reyna Torres, o directoras, como Martha Alfonso, que lidera el liceo de Rosario. Íbamos a buscar a los chiquilines a la casa si era necesario. Y siempre trabajábamos con la familia y con la comunidad. En Valdense además, no te queda otra, porque el liceo es de ellos, por más que haya sido oficializado en 1926”.

Moreira dice que, como en casi todo, en el origen está la explicación de esa lógica comunitaria.

Liceo de Colonia Valdense
Liceo de Colonia Valdense

La zona este de Colonia se delimita por el arroyo Cufré, el río Rosario y el Río de la Plata, y es fruto de los esfuerzos colonizadores de la Compañía del Rosario Oriental fundada en 1853 tras la Guerra Grande, con la esperanza de que la llegada de agricultores europeos trajera la paz tan deseada. Una de las claves de ese poblamiento fue el sistema de reparto de tierras. Las colonias agrícolas se armaron en base a propiedades de unas 20 cuadras. Llegados de zonas montañosas, de pequeños valles, los nuevos pobladores supieron sacar el mejor provecho a las pequeñas parcelas. Por eso, en Colonia no hay latifundios y sí una producción variada (hortifrutícola, granos y lechería) e intensiva, con un fuerte componente tecnológico. Basta recorrer la ruta 21 que une Colonia y Carmelo para ver el cuidado extremo puesto en los animales y los cultivos, la moderna maquinaria, el sistema de riego y la prolijidad de los fardos. De hecho, la primera trilladora a vapor que existió en Uruguay la importaron los suizos de Nueva Helvecia en 1864.

Para Moreira “las colonias agrícolas tuvieron una organización sistemática que permeó a todo el departamento. Acá predomina lo colectivo, no la individualidad. Y eso es clave. Solo en Valdense existen más de 70 asociaciones o comisiones de fomento. No tenés al estanciero latifundista, tenés cooperativas de productores, con una fuerte iniciativa. La escuela de lechería en Colonia La Paz fue pedida por los propios productores. Estas poblaciones dinámicas, fuertes, que se actualizan e incorporan tecnologías, forman hoy una red cultural formidable”.

Colonia es atípica ya que tiene 14 ciudades, y la capital aparece como una más en el montón, con apenas un poquito más de pobladores que el resto. De hecho es uno de los departamentos menos macrocefálicos del país (luego de Canelones), lo que asegura cierta cohesión y fortaleza del tejido urbano y social. A eso se suma un funcionamiento como “sistema de ciudades”, que no compiten sino que se complementan a nivel de los servicios y el perfil productivo (el mayor puerto lo tiene Nueva Palmira, el centro industrial está en Juan Lacaze, servicios importantes como algunos juzgados o la sucursal del Banco Hipotecario están en Rosario, los institutos de formación docente fueron instalados en Carmelo y Rosario).

Esa cultura de la colaboración y del funcionamiento en red, se da también en la educación donde existe una larga tradición de trabajo en conjunto entre los liceos de Valdense, Nueva Helvecia y Rosario. Los tres coordinan distintas actividades e incluso las asociaciones de padres se juntan para tomar acciones en beneficio de los liceos. Además comparten experiencias pedagógicas positivas. En Rosario, por ejemplo, las autoridades explican sus buenos resultados en ciclo básico citando una serie de programas y experiencias como el sistema de tutorías para los estudiantes con mayores dificultades, un régimen de suplencias docentes para que los alumnos no pierdan clases, y un fuerte trabajo con las familias y los estudiantes para que sientan el liceo como propio, que es muy similar a las experiencias que realizan otros liceos del departamento.

Según la inspectora técnica de Secundaria, Reyna Torres, el trabajo en red de las direcciones generó una sinergia y una retroalimentación que hace que las mejores prácticas se puedan ver en liceos de localidades tan distintas como el liceo departamental de Colonia del Sacramento –una suerte de “IAVA” local–, Nueva Palmira o Juan Lacaze.

Así varios de los liceos colonienses tienen programas propios de tutorías para acompañar a los chicos con más dificultades, y un trabajo con las escuelas para conocer las historias de vida de quienes al otro año arrancan el liceo. Esto se hace por iniciativa propia ya que los programas creados a nivel central por el Consejo de Secundaria, que buscan evitar la repetición y la desafiliación escolar, no fueron implementados en Colonia.

“La sala de directores funciona muy bien, y más allá de que las realidades socioeconómicas y culturales sean distintas, nadie quiere quedarse atrás”, afirmó Torres. Es que Colonia no es homogénea, y si el este está matrizado por esas colonias agrícolas de labriegos inmigrantes piamonteses y suizo-alemanes, hacia el sur, y sobre el Río de la Plata, Juan Lacaze muestra orgullosa su tradición obrero industrial, mientras en el noroeste Conchillas, Carmelo y Nueva Palmira han crecido mirando a Buenos Aires.

La tradición obrero industrial de Juan Lacaze, aunque alicaída, es clave para comprender la importancia que se le da a la educación en esa ciudad.
La tradición obrero industrial de Juan Lacaze, aunque alicaída, es clave para comprender la importancia que se le da a la educación en esa ciudad.

Pese a que Rosario y Nueva Palmira tienen muy poco en común a nivel social y económico, los liceos de esas localidades tienen los mejores resultados educativos a nivel nacional. Mientras la primera tiene la impronta de las colonias agrícolas, la otra, en la punta norte del departamento, es una ciudad puerto que terminó siendo más puerto (y depósito de granos) que ciudad, con sus calles castigadas por la pesada carga de los camiones y los enormes silos.

La sociedad palmirense tiene sus propios problemas, entre los que se incluye la prostitución infantil, pero aun así el liceo Medulio Pérez Fontana, con 900 alumnos y 100 docentes, es el tercero con mejores resultados del país. Los estudiantes se dicen a sí mismos “medulianos” y llaman a su vez a la directora por su nombre, Alejandra, o simplemente “Ale”. Porque allí también el vínculo con los estudiantes es clave, así como el trabajo para que los chicos sientan el liceo propio.

También el de Palmira es un liceo abierto. Muestra de eso es la fiesta de la primavera que realiza la institución todos los años. Se trata de un evento que dura varios días y pone a competir grandes carros alegóricos preparados por los estudiantes que transitan por las calles de la ciudad en busca de ser elegidos los mejores, mientras se realizan otros eventos a beneficio del liceo. Gracias a ello, Palmira tiene un liceo cinco estrellas: con aire acondicionado y pantallas LCD en todos los salones, además de que la dirección ha logrado encarar reformas edilicias significativas en la vieja casona.

Recostado sobre el Río de la Plata, Juan Lacaze tiene una historia distinta a la de las colonias agrícolas, pero comparte con ellas la apuesta a la educación y la lógica cooperativa y comunitaria. Ciudad puerto y ciudad fabril, creció en el siglo XX de la mano de la textil Campomar. Con casi 13 mil habitantes, es la tercera ciudad del departamento (luego de Colonia y Carmelo). Sus muros expresan hoy el miedo por la crisis económica que atraviesan las principales fuentes de trabajo de la población, mucho más vulnerables que las de las vecinas localidades agrícolas. A la agonía de la textil Agolán, se suma el posible cierre de Fanapel. El temor es más que entendible, porque lo que se defiende no es solo una actividad económica, sino un centenario tejido urbano, social y cultural.

Fabián Ignacio es profesor de historia, vive en Montevideo pero decidió trabajar en Colonia. Hace cinco años está en Juan Lacaze, tanto en el liceo 1 (ciclo básico) como en el 2 (bachillerato). Contó que lo que más le gusta es el trabajo que hace el equipo de dirección y de adscriptos con los chiquilines y sus familias. “El liceo 1 tiene una tradición de trabajo con las escuelas que es admirable. Todos los años estudian a los alumnos que ingresarán el año siguiente, ven las problemáticas y dificultades y preparan el terreno. Ese gran drama que es el pasaje de la escuela al liceo acá lo vienen trabajando desde hace tiempo, con una dinámica de colaboración entre las escuelas y el liceo muy fuerte.”

Fabián afirmó que más allá de lo que se suele creer desde Montevideo respecto al Interior, el liceo de Juan Lacaze es un centro populoso, con muchos alumnos en situación de gran vulnerabilidad social y económica, y con problemáticas similares a las de la capital. “La diferencia es que hay un plantel de adscriptos que hace muchos años que está en el liceo, y un plantel docente bastante estable. Y aunque es una ciudad que tiene población vulnerable igual tenés esa familia interesada en la educación de sus hijos y que quiere estar presente.”

Lo otro que resaltó Fabián es el involucramiento de la sociedad. Los aires acondicionados y el cañón con monitor por aula, se compraron con apoyo de la APAL, con un dinero que ganaron los alumnos que se presentaron a un concurso de la NASA y con los recursos que aporta la comunidad que participa de actividades periódicas como venta de pollos, festivales o bingos.

Al explicar el fenómeno, Torres dice que, como ciudad obrera que es, a Juan Lacaze nunca le va a costar pensar en colectivo, y que más allá de la situación económica vulnerable, existe un apoyo al liceo por parte de la comunidad que permite lograr cosas. Agregó que aquí las estructuras productivas también hacen la diferencia. Si en la zona de las colonias agrícolas la apuesta a la educación estaba asociada a la mentalidad valdense y a la producción intensiva, en Juan Lacaze fue clave que las industrias locales, como Fanapel, exigieran cuarto año de liceo terminado a sus empleados.

Industrias del departamento de Colonia.
Industrias del departamento de Colonia.

Para Torres no se puede explicar los resultados educativos por uno o pocos factores, ni hablar de determinantes totales, aunque sí evaluó el poder que pueden ejercer ciertas condicionantes. Quizás el mejor ejemplo sea el caso de Conchillas, donde se ve el peso de la matriz social en la realidad educativa de un lugar, más allá de las características propias de los centros educativos. Esto es, más allá de que se trata del liceo más pequeño en matrícula (con un promedio de 15 alumnos por grupo), con los beneficios que eso trae a nivel de contención, y a pesar de que allí han trabajado equipos de dirección con una lógica similar a la de Rosario o Valdense, se trata del liceo con la tasa de repetición más alta del departamento.

Al ingresar al pueblo desde la ruta 22, la sensación es la de viajar en el tiempo. Allí aparecen las famosas casas de paredes gruesas de piedra asentadas en barro, revocadas y pintadas de amarillo, con techos de chapa a dos aguas en rojo. El pueblo fue fundado a fines del siglo XIX cuando la compañía inglesa C.H. Walker & Co. trabajaba en la construcción del nuevo puerto de Buenos Aires y encontraron al otro lado del Plata un buen lugar donde extraer arena, cal y piedra. Thomas Walker armó el negocio como una factoría cerrada: las personas trabajaban para la firma, recibían un pago y gastaban su dinero en una tienda comercial, la Casa Evans, que pertenecía a los propios ingleses. Incluso existía una moneda de cobre que tenía curso legal dentro de la localidad.

La crisis llegó junto con la Segunda Guerra Mundial y el declive del imperio británico en el mundo. Conchillas pasó de casi 4.000 habitantes a poco más de 400 hoy día. Sin embargo, según Torres, la mentalidad permanece: “Dirigí Conchillas un año, en 2007, antes de ir a Valdense, y firmé un solo pase a facultad. ¿Le interesaba a la sociedad de Conchillas que sus hijos siguieran estudiando y fueran a la universidad? No, no le interesaba. Conchillas era la factoría de Thomas Walker y la mentalidad que instaló sigue hasta hoy. Es una mentalidad que se explica por esa sociedad de circuito cerrado, donde los obreros trabajaban y recibían todo lo que necesitaban de ese patrón inglés que les pagaba y les decía en qué gastar su dinero. Algún estudiante, cada tantos, quería seguir estudiando, pero la mayoría querían ser lo que fueron sus padres: operarios, seguir en el campo, ser comerciantes, o no seguir nada y quedarse allí. Y eso pasa no solo en las familias más pobres”.


1. El porcentaje de estudiantes que no promovió algún año del ciclo básico en 2012 fue el más bajo del país: 16,8 por ciento, frente al 37,2 por ciento en San José, 22,3 por ciento en Maldonado, y 40,8 por ciento en Montevideo. En Rosario los no promovidos fueron 8,5 por ciento (tiene los mejores resultados a nivel nacional, solo superado por el liceo 4 de Maldonado, con 5,4 por ciento), en Nueva Palmira fue el 10,6 por ciento y Colonia Valdense el 11,6 por ciento (esos liceos ocupan el tercer y quinto lugar a nivel nacional). De cerca le siguen los liceos de Ombúes de Lavalle y Nueva Helvecia con 14,1 por ciento. Los peor posicionados del departamento son el liceo de Conchillas (25,9) y el de Juan Lacaze (21,4). Los peores resultados en Colonia están lejos del promedio de varios departamentos y de los resultados individuales alcanzados por muchos centros con cifras de no promovidos cercanas al 60 por ciento en Montevideo y Rivera, principalmente.


 

2. Colonia es el departamento con menor desempleo a nivel nacional (4,2 por ciento), y el tercero con mejor nivel de ingreso. Es el que está en mejor situación respecto a la satisfacción de necesidades básicas, solo detrás de Montevideo, según datos del censo 2011 citados en “Relevamiento de capacidades relativas a la formación terciaria en áreas clave para el desarrollo de la UTEC” de Belén Baptista y Victoria Tenembaum (2013).

Fotografías: Artigas Pessio