Telas de araña y gotas de rocío decoran con guirnaldas el paisaje.
Faltan nueve quilómetros para pasar la cortina blanca y descubrir un pueblo que no conozco.
El silencio es helado, el pasto está callado. Yo también.
Son las 7 de la mañana, la hora pico del apereá.
Qué distintos los cardenales de la Ciudad Vieja y los del campo.
Éstos cantan, los de la capital gritan.
Colonia Lavalleja se despertó hace rato. Falta menos.
Le juego un serio a la vaca. Pierdo.
Hace más de 12 horas que el teléfono está en modo avión. Sigo.
Estoy concentrado. Pienso un pueblo que no conozco.
No falta nada.