Cardal es un pueblo ubicado al suroeste de Florida, a ochenta quilómetros de Montevideo. Una localidad a la que llaman “capital de la cuenca lechera” porque esa es la principal actividad de la región. El pueblo tiene, también como referencia importante, la particularidad de ser el primer lugar donde se entregaron las computadoras del Plan Ceibal en 2007, con la presencia del presidente Tabaré Vázquez. Ambos datos destacan en los carteles a la vera de la ruta 77, por la cual se ingresa al pueblo.

Es cerca de este poblado –de poco más de mil habitantes– que se encuentra una vieja construcción, resultado de una historia trágica y cargada de mucho simbolismo: la Capilla Fenocchi. Escondida entre una espesa vegetación que dificulta el acceso por cuenta propia, la obra se erigió en marzo de 1891 en las afueras de Cardal.

Don Pedro Fenocchi fue un inmigrante italiano que se radicó en la zona a fines del siglo XIX junto a su esposa Teresa Marioni y tres hijas, María, Luisa y Anunciada, en busca de un futuro promisorio para su familia. Vinieron desde un pueblo llamado Pontremoli, ubicado en la provincia de Mazza Carrara, a pocos quilómetros de Génova.

Al igual que la mayoría de los inmigrantes que llegaron del viejo continente, Fenocchi se dedicó a la agricultura. Llegó al pueblo por sugerencia de algunos parientes y amigos que estaban afincados en la zona, y así fue que finalmente adquirió algunas hectáreas de campo ubicadas a tres quilómetros de Cardal y a tres quilómetros del río Santa Lucía chico. En ese mismo lugar construyó, con sus propias manos, la primera casa de material de la zona.

La familia, que se vio ampliada con la llegada de cinco hijas más (Teresa, Petrona, Francesca, Margarita y Dominga) vivió feliz durante muchos años, hasta que un día le tocó vivir una terrible tragedia.

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Un siglo después la capilla sigue siendo visitada por vecinos y también por la familia. FOTO: Artigas Pessio.

 

En 1889 hubo una gran epidemia de difteria en la región, siendo Cardal, Santa Lucía, 25 de Agosto e Isla Mala (hoy 25 de Mayo) las localidades más afectadas. La difteria es una enfermedad infecciosa –hoy poco común gracias a las vacunas– que por esos tiempos provocó la muerte de cientos de personas, la mayoría de ellas menores de edad.
La historia recuerda también que, en aquellos años, había un único médico para toda la región, quien no disponía de medicamentos suficientes para esta enfermedad, de la cual la familia Fenocchi-Marioni no logró escapar.
Un lunes murió una de las hijas, y dos días más tarde murieron otras tres. De sus ocho hijas, sólo las cuatro mayores lograron salvarse y la más chica, gracias a que aún era amamantada y por ello no se contagió.

Como era costumbre por aquellos tiempos, cuando había epidemias se impedía enterrar a los muertos en los cementerios y se sugería hacerlo en zonas alejadas de las casas. Por esa razón, los cuerpos de aquellas hijas fueron sepultados en el campo, lejos de la casa familiar, en un lugar en el que años después el mismo Fenocchi levantaría una capilla que durante un buen tiempo fue muy visitada, dado que en Cardal no había iglesias, y que hasta hoy permanece en buen estado a pesar de sus casi 125 años de existencia.

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Por cada hija muerta Fenocchi mandó labrar una mano en los ángulos de la cruz. FOTO: Artigas Pessio.

Hoy, Washington del Valle se encarga de mantener la capilla. Es descendiente de una de las familias más antiguas del pueblo y un apasionado por la historia de la obra, sobre la que ha investigado. Es que con el paso del tiempo, este lugar tan mágico sufrió algunos hechos vandálicos que van desde robo de objetos de la época a rotura de los mismos.
Con autorización del actual propietario del campo (quien compró las tierras a descendientes de los Fenocchi), Washington logró ponerle llave a la capilla y evitar así que eso siguiera sucediendo. También gracias a la voluntad de Del Valle se llegó a realizar charlas informativas con estudiantes de UTU y de liceo, con la finalidad de trasmitir la importancia y el valor que la construcción posee.

No debió ser casualidad el lugar elegido por Fenocchi para levantar esta obra, porque lo cierto es que allí se respira una energía muy especial y, sobre todo, paz absoluta. El silencio del campo es sólo interrumpido por el sonido del agua de una cañada que corre cercana (“arroyito la capilla”), y el canto de los teros que de vez en cuando irrumpen en la escena.

Cuatro grandes plátanos, crecidos alrededor de la capilla, le aportan otro elemento mágico al lugar y a su historia. Fueron plantados en recuerdo de cada una de las hijas fallecidas, y si bien hoy sólo tres se mantienen en pie, de cada uno de ellos surgen casualmente cuatro troncos. También hay una cruz que simboliza las manos de las cuatro niñas muertas. Washington remarca que a los niños les encanta ir al lugar porque lo consideran un “bosque encantado”. Al fin y al cabo, son hechos que movilizan a cualquiera que visite el lugar y que lo invitarán a la reflexión espiritual.
Cada tanto, los descendientes de Fenocchi y Marioni llegan desde diferentes puntos para reencontrarse en este lugar tan emblemático en la historia de sus familias. Dicen que, hace muy poco, también llegó otro pariente lejano que se enteró por un informe en la televisión sobre la capilla y viajó especialmente desde Houston para ser parte de ese momento tan especial.

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Rodeada de plátanos, la Capilla Fenocchi se esconde en pleno campo, cerca de Cardal. FOTO: Artigas Pessio.

Hace unos años, un joven escritor llamado Noel Álvarez llegó a Cardal para terminar de escribir una novela (basada en hechos reales) cuya historia se desarrolla en el pueblo y también en la capital del departamento. La Capilla Fenocchi fue precisamente uno de los lugares seleccionados por Álvarez para la historia, la que incluso tenía pensado llevar al cine. Sin embargo, y hasta el momento, aquella idea no prosperó debido a que no se han podido recaudar los fondos necesarios para su realización.

Cada vez son más las personas que llegan a Cardal para conocer este místico lugar. Muchos de ellos, según Del Valle, lo hacen en busca de un “gran abrigo” de paz para el alma que el entorno ofrece.

La historia de la capilla no surgió sólo como la necesidad de recordar la pérdida de una familia; es también una señal de que es posible salir adelante más allá de las adversidades que la vida presenta. Y no sólo eso. En tiempos en los cuales la globalización amenaza con hacer desaparecer la identidad de los pueblos, Capilla Fenocchi sigue en pie también como ícono fiel de otros tiempos, en los cuales el campo no estaba tan vacío y era el medio de vida de muchas familias.