En el año 2010 el teatro Solís y los Centros MEC implementaron el programa Un Pueblo al Solís. La idea consistía en invitar a viajar a Montevideo a los habitantes de una localidad del Interior y a presenciar una función en el teatro Solís. Me pareció una oportunidad magnífica para realizar una historia fotográfica, y cuando en la lista de pueblos vi que figuraba 25 de Agosto y el viaje se haría en un tren puesto exclusivamente para ellos, la historia me cerró por completo: yo tenía que estar allí.

25 de Agosto significa mucho para mí. Es la historia de mis vacaciones infantiles en la casa de los tíos Miguel y Maruja, casi mis segundos padres. Es el río Santa Lucía, la playa y la pesca en bote. Los campamentos con la barra de amigos de mi primo Miguel, más grandes que yo, de los que me fascinaba escuchar los cuentos de sus andanzas.

También era tener todo el día una bicicleta para mí y recorrer el pueblo de punta a punta con aquel sol abrasador que proyectaba mi sombra justo entre las ruedas.

En el Club Unión, una semana de Carnaval, bailé por primera vez, hamacado por “Hey Jude” de los Beatles, tocada por una banda y cantada por un flaco de pelo largo, pantalones oxford y una camisa negra a lunares con un cuello muy largo.

Uno de esos veranos mi primo, mayor que yo, ya estaba en edad de conseguirse un trabajo, por lo menos durante las vacaciones. Fue así que por las tardes comenzó a atender en el bar El Vasco, ubicado en una esquina elevada del pueblo. Hasta allí llegaba con mi bicicleta. El interior del bar estaba siempre fresco y resultaba reparador después de mis acaloradas travesías, además siempre me invitaban con algún pomelo Salus, de aquellos que antes de destapar había que invertirlos porque tenían la pulpa asentada en el fondo.

Pero un día la invitación no fue de pomelo ni Citral, sino una copita de anís, que después trajo otra, y alguna otra, supongo, no recuerdo bien, porque el resultado fue una borrachera que provocó que nunca más en mi vida volviera a probar el anís.

Me comuniqué con el Centro MEC local y ellos me pusieron en contacto con una de las familias que seguro viajarían en tren a Montevideo para la función en el Solís.

Viajé a 25 de Agosto unas semanas antes, conocí a toda la familia, los acompañé y fotografié en sus actividades diarias, supe de sus expectativas y entusiasmo ante el viaje. Cuando llegó el día los acompañé hasta la llegada al teatro.
Mientras recorría y fotografiaba el pueblo, una tarde lluviosa de agosto volví a toparme con aquella esquina de vereda un tanto más alta que las demás y con el cartel inconfundible del bar El Vasco.

El barcino de la ventana, al igual que el cartel, casi logra camuflarse con el moho de la pared. En cambio, el recuerdo mohoso de aquella resaca de anís todavía perdura en mi memoria.

HIST FOTO 1 - CARLOS CONTRERAS
Foto: Carlos Contrera
HIST FOTO 2 - CARLOS CONTRERAS --
Foto: Carlos Contrera