El tren es una víbora de humo, uma fila de furmiga de lata, un chus-chus-chus del ayer. Cuando Montevideo se hace un motor tosiendo y los ónibus se enllenan das ojera de la gente, yo me subo en el tren de mis palabra y me voy pa la frontera.

Yo jugaba de tren en el patio de mi casa. Botava una caja de fofre adentro de otra y recorría los pueblo de mi patio, soñando con las persona que ían subindo y bajando, carregando bolsos llenos de recuerdo en la fila de vagón. En mi cabeza se mezclaba los viaje que tinha visto en la tele con las imagen de los resto de fierro atirado en la estación. Eu tentava meter mis sueño en las caja de fósforo.

Asvés, cuando mi madre fazia poroto en la olla a presión, yo creía escutar el tren recorriendo las pieza de mi casa. Una vez pregunté si así era que hacía el tren, y ella me dice: “Fabi, tú sempre con la cabeza nas nube”. Mas não me disse si el tren tenía la voz de la olla. Casi toda mi vida fue assim, enllenando con la imaginación los agujero que la frontera me ía haciendo en la cáscara.

Me gusta soñar de tren. Una cuerda de fierro que sale de hoy y va para ayer, atravesando as janela da lembranza. Cuando me mudé para Montivideu impecé sentir saudade de mis calle, extrañé mis vecino, me faltava los sonido de allá. Me sintía perdido. Intonce, pra poder me incontrar, soñava con mi ciudá, combinando las canción de mis dos país.

Soy da frontera. Mi familia, mis vecino y mis amigo falan misturando las palabra del portugués y el español. El portuñol es mi língua materna. Cuando yo istava na barriga de mi madre ya iscutaba el mundo intreverado. Despós, na época que hice la iscuela, me quiseron hacer creer que los que hablábamos misturado éramos pobre, sucio, burro. Yo no sé si el resto del mundo pode intender qué se sinte cuando alguien dice que tus palabra no sirven, é como si nos disseram que nosso corazón não presta y que, para tener vida, temo que se botar uno nuevo. Las palabra son lo único que nós temo. Pensamo, soñamo, recordamo, sufrimo en las palabra, y cuando viene algún dono da língua a nos decir que tenemo que aprender a hablar como otros, que nuestra fala istá mal, nós se miramo entristecido, porque si nos cambian la lengua nosotro ya no vamo saber qué somo.

Subo en el tren, y entre las imagen que aparecen despeinada, incuentro un meiodía que istábamos na casa de mi tía cuando mi primo voltó da iscuela. Venía con su túnica branca, su moña azul y la mochila. Llegó y saludó: “Buenas tardes, primo. ¿Cómo estás?”. Intonce mi tía miró él, asombrada, y perguntó: “Fío, ¿purqué tu ta falando asím?”.

“¿Así, cómo?”, preguntó él. “Ansím, todo raro”, dice ella. Él respondió que istaba falando así purque la maestra tenía dicho que, a partir de ahora, ían aprender a hablar bien, y que pur isso él impezaría a hablar así. Intonces mi tía me miró y dijo: “Fabi, vos que sos profesor y estudiaste, dis para ele que él tiene que hablar como eu que soy su madre y no como la maestra”. Não me lembro qué respondí, mas años despós, cuando istaba numa clase da facultá, me nació un verso que decía: “Mi madre falava mui bien, yo intendía”. Tive que sair correndo da clase para terminar u poema.
Entre los vagón veo u negro Bombril me contando que cuando era gurí tenía un compañero que, como seus pai habían prohibido él falar en portuñol, él traducía al ispañol todo los apodo dus gurí da barra; por ejemplo un morochito y pelirrojo, que le decían “Foguera”, él le llamaba “Hoguera”, y a otro cumpañero que era pitizo y tinha as perna grosa, que le decían “Roda baya”, él le decía: “Rueda baja”.

El tren sigue achicando los mapa, y aparece el Caíto me contando que faz uns ano llegó un inspector de Montivideo en una de las comisaría da frontera y que, infrente da tropa que istaba formada nu patio, ordenó pru comisario: “Está terminantemente prohibido hablar en portuñol. Si escucha a algún funcionario hablando así, lo arresta inmediatamente”. “Afirmativo”, respondeu u comisario. Dicen que cuando u inspector se foi, u comisario, mentras se isfregava as mano, decía: “Não sei si vo cumé a cabezinha de eses milico”. Muita gente me cuenta sobre las prohibición de hablar mal nas comisaría, nas escuela y nus cuartel da frontera. Son los castigo que ponen na língua del pueblo. Asvés uno tiene que pagar un precio muy alto para poder usar su língua materna.

Venho da frontera. Allí as palabra no precisan documento ni respetan aduana. Nossa língua es uma ponte entre dos país. Durante muitos años, alguns decretaron que era un dialeto de pobres. Pero el portuñol é uma língua rebelde que não respeta geografía ni autoridá. Yo pergunto prus dono das palabra: ¿En qué lengua falamo los frontera? ¿Na lengua que nos enseñaron na iscuela o na língua que nuestras madre nos cantaba antes de dormir? Materna viene de madre. Du idioma materno son las palabra du afecto, da ternura, da emoción. Não posso pensar ni narrar mi pasado sin ellas.

En mi frontera, los rey de la tierra dibujaron u horizonte emcima de nuestra calle y dictaron que nosotro no podía derretir los mapa. Determinaron que a comida de lá não podía inflar us plato de acá y que aquella gente tinha uma tristeza distinta de la nuestra. También quisieron deformar nuestras palabra. Como si la frontera fosse um defeito du mundo, los rey desplegaron seus soldado da língua para nos imponer que los país son monolingüe, y que dentro das línea dun pueblo todos deben hablar y escribir igual, y que tenemo que nos sacar estas palabra y ponernos otras más limpia para dejar de ser proyecto de gente, resto de vida, basura que habla.

Venimo disparando da policía de la lengua. Sentimo as bala du diccionario sumbando nus uvido. Vemo as flecha da gramática pasar en nosso costado. Trompesamo con los tilde. Se arrebentemo nas regla de concordancia. Se mariemo nas curva de intonación. Los uruguayo que nos miran pasar ni se imaginan que intentamo se salvar porque si eles nos quitan la lengua ya no vamo a ser. Si nos incontran, van querer corregir nuestro sonido, lavar nossa lengua y borrar la música de la infancia, para que dejemo de ser frontera y pasemo a ser de un só país, monolingüe, fácil de intender como las definición del diccionario. Ellos no intienden que si matan nossa língua también van matar las receta de mi abuela, las canción que inventaba mi madre, los rezo de mis tía, as historia de mis vecino. Van matar nuestro pasado, y no vamo tener raíz indonde afirmar los pie.

Yo intiendo a los que no nos entienden. Ellos sempre vivieron sobre tierra, nunca tuvieron que abandonar sus lugar, nadies se rió en la cara de ellos por su forma de hablar. Para ellos el mundo siempre fue un dibujo, por isso ven la frontera como un problema. ¿Pero qué problema vamo ser nosotro? El único conflicto es cuando quieren nos imponer una forma de pensar uruguaya, como si el Uruguay só fosse unos balcón de lujo mirando el mar. Na frontera semo un país tropical pero con frío, onde no sabemo qué tipo de tierra pisamo, y el río es agridulce. No somo una definición, semo una nube de gente.

Eu não sei qué es la frontera. Tal vez seja um estuario onde crecen los frontera, esa ispecie de vida que no brota en otros lugar. Tal vez a frontera não seja.

Sempre creí que mi ciudá era uma istación abandonada isperando um tren que não voltava. Ficaram as vía, inferruyadas, pra que us niño soñaran con tren. Mas despós da chuva y u pasto, as vía también desaparecieron. Lo único que nos queda son las palabra, como si fossem vagones de música, ladrido de isperanza, hilo que cose los destino de nosotro. Nadies pudo con nuestra lengua porque a língua es nossa patria.

Asvés sueño con que todos seamos a frontera mesma de un solo mapa, onde no haya que pasar aduanas para abrazar a una madre o responder interrogatorios pra beixar um hermano. Onde la frontera no sea solo para los pobre, porque los rico no tienen frontera, la casa de ellos es el mundo todo. Eu soño con un futuro onde la única língua seja la humana, porque ya no vamo ser un continente, vamo ser el contenido.

En Montivideo, cuando el sol se isconde en los edificio, yo me subo en mi tren y me voy para la frontera. Antes de dormir, me digo: “Fabi: cuando sueñes, soñá con Artigas”.