1. Siempre quise saber cuál era el índice de suicidios de Santa Marta, el pueblito idílico de la canción del dúo Larbanois-Carero. El Interior es uno y es múltiple. Ya antes nos habían advertido de los mecanismos centralistas que operan en el momento de pensarlo como un todo. Sin embargo no es difícil reconocer tres o cuatro estereotipos repitiéndose hasta el hartazgo, delatando que el urbanismo monótono de la colonia no sólo sigue vivo, sino que ha sido reactualizado con vigor por las fiebres inmobiliarias costeras y el macrocefalismo capitalino de las últimas décadas. Ser joven con inquietudes es un problema en el Interior. En el campo, en la capital departamental o en el pueblito, en los barrios-dormitorios que se extienden por la periferia. No hay lugar para los raros, para los tipos que investigan. Si tenés una sensibilidad diferente: o te vas a Montevideo o te pegás un tiro. La otra es quedarse envejeciendo, languideciendo en la plaza o en los bares de las calles sin asfalto. El Interior; el Interior más allá de la excepción que me refute.

2. No es difícil darse cuenta de que no me pegué el tiro. Tampoco me fui para Montevideo, no del todo. Hice trampa y no vivo en ningún lado.

3. La Villa San José es un barrio ubicado entre Toledo y Sauce; ruta 6, departamento de Canelones. Es zona urbana. Tiene escuela, carnicería, almacenes. Es un lugar tranquilo. No hay nada. La gente se dedica básicamente a dormir por la noche para pasar el día trabajando en Montevideo. Nosotros jugábamos al fútbol en la canchita de Martín Duarte, íbamos al liceo… Al liceo de Sauce; Toledo es un pueblo bravo y nuestros padres nos querían encarando. ¿Cuántos años? Quince, dieciséis, menos de dieciocho… Mi adolescencia fue una maraña de mierdas. Nuestras adolescencias. Por suerte conocimos el pub Bizarro y la sede del Club El Sauce. No éramos felices pero estábamos vivos. ¿A qué otra cosa podíamos aspirar? Seis litros de vino por noche, ocho cigarros sueltos. Salía con treinta pesos y podía pasar la noche. No, no se me borra más la impresión del invierno y el vino clarete cortado, las historias que valían el nombre del boliche.

4. Después terminé el liceo. Conocíamos Montevideo de algún toque, pero no éramos más que un montón de canarios. El IPA. El día que me anoté fui con la plata justa. Entro y nos dicen que se precisa fotocopia de la cédula. Saco y me falta para la vuelta. Le miento al chofer, le digo que bajo antes. Faltan cuatro quilómetros para llegar y yo estoy escondido en el fondo; sube una mina y yo, que soy curioso… Ni bien termino de asomar la cabeza me mira el tipo; “Bajate”, dice, y me vuelvo caminando, sin protestar, avergonzado. Después hubo laburos, novias, me enamoré de la periferia y de la mugre del Centro. Mi pasaje por la ciudad ha sido el de un fantasma. Sed. Ómnibus de vuelta a la madrugada. Una derrota tras otra y el comienzo de una “carrera” de artista. ¿Dónde he vivido todo este tiempo? No soy de Montevideo, no soy de la villa olvidada. Nada de lo que pase en mi barrio importa y el amor que nos tenemos con las calles capitalinas es el de dos extraños. Viejos amantes. Camino por la esquina de mi casa. Pienso en fatalidades, en las hazañas de otro mundo. Soy un pequeño extranjero aunque nadie lo note demasiado.

5. Toda historia es fragmentaria; el sentido se lo ponemos nosotros. He vuelto. He vuelto sin haberme ido. Soy docente, soy escritor, tengo banda; demasiadas cosas para no tener arraigo. La gente de donde vivo no me conoce. Me he creado fuera de todo y me protejo de las calumnias barriales. Interesante paradoja. Una de tantas. He vuelto, decía. Me efectivicé como docente. Canelones. Había unos grupos en Toledo. Dos liceos. Me queda cerca, pienso. Poco sentido de pertenencia. Hoy es martes y mañana a la mañana voy a dar clases. Me gusta. El pueblo me da trabajo, yo le doy lo que he aprendido. Me sedujo, me siento parte. Son las doce; mañana trabajo de mañana. Estoy contento. He vuelto y estoy contento.

EL-REGRESO-FINAL
Ilustración: Camilo Fernández

* Hoski es el seudónimo de José Luis Gadea. Tiene 26 años. Vive desde hace años en la Villa San José, Toledo, departamento de Canelones. Es profesor de literatura, estudiante de filosofía, escritor, músico y performer. Forma parte del proyecto Orientación Poesía, destinado a la difusión de la literatura entre los adolescentes de Montevideo y Canelones.