En una de esas noches locas, de frío anticipado, cuando el otoño apenas debía estar despuntando, Ajena hizo su primera incursión “institucional”. Fue en la biblioteca popular Rincón del Pino, en Rafael Peraza, una localidad de 1.000 habitantes en San José cuya fuente de empleo principal está en las actividades agrarias.


El encuentro, que preveía una presentación, primero, y una ronda de preguntas después, se transformó espontáneamente, y para suerte de todos, en una charla de ida y vuelta que versó sobre el Interior y los interiores, ambos en contrapunto permanente con Montevideo. Las distancias simbólicas que separan al pueblo de la capital (la inseguridad, la desconfianza, la mirada, el poder que ostenta Montevideo…) fueron comentadas por el puñado de vecinos que se acercó a la biblioteca. Pero también se charló sobre otras distancias, como la que los propios vecinos de Peraza sienten respecto al Complejo Arazatí, un conjunto de viviendas que formalmente pertenece al pueblo y con el que comparten los servicios que allí se brindan, pero que en los hechos “no se integra” a la lógica del lugar, lo que genera una distancia casi tan grande como con Montevideo. No hubo respuestas acabadas al porqué ni hubo conclusiones de nada, sino más bien reflexiones sobre las cercanías y las distancias, lo que nos une y lo que nos separa, lo que nos es propio y, también, sobre lo que nos es ajeno.