Se termina el primer año de Ajena, ya se publicaron los primeros ocho números. Serán estas nuestras primeras vacaciones, y como si nos iniciáramos en ese arte, estamos ansiosos.

Nos vamos con la alegría de saber que en poco tiempo la revista se esparció por todo el país y llevó historias de gente y lugares tan cercanos como desconocidos para la mayoría. Ajena funcionó porque hacía (hace) falta un medio que hable del Uruguay todo y nos desnude tan heterogéneos como en realidad somos.

También cerramos el año con la alegría de la exigencia. La nuestra, claro, pero sobre todo la de los lectores: departamentos sobre los que aún no escribimos ni una nota, propuestas de visitas, algún enojo puntual y pasajero, la necesidad acuciante de que se cuente “lo malo”, que se hable de la sensación de “aislamiento”, de la sobrevivencia del caudillismo arcaico, corrompido y corruptor. No faltó, por suerte, la emoción de muchos al sentirse “por primera vez” reflejados en la prensa.

Por si fuera poco, este número nos regalamos ‒y les regalamos a ustedes‒ la presencia del escritor Gustavo Espinosa, quien escribió un bellísimo perfil del periodista Walter Abella.

A pensar en cómo cumplir con las demandas, sin perder nuestra esencia, nos abocaremos en estos meses, y volveremos, seguro, con más alegría todavía.

manuela
Foto de tapa: Manuela Aldabe. La vieja ventana de una casa en Mal Abrigo, San José.