Aquel primer número prometimos 12.640 quilómetros de periodismo. Un objetivo caprichoso y empecinado que 11 números más tarde hemos cumplido con creces. Al menos así lo vemos desde este lado del papel. Y no es autosatisfacción, es alegría. En estos meses retratamos a Circe, hablamos de la educación en el Interior, de los cambios que el agronegocio está provocando en las formas de trabajo rural, recorrimos grutas, canteras y minas olvidadas. Expusimos los problemas del trabajo rural infantil, viajamos una y otra vez a la frontera, hablamos de música y de cine, de la taba y la payada, conocimos a Karina y con ella la realidad de las trabajadoras sexuales. Hablamos de los límites en la descentralización del Estado, de la lengua viva del portuñol… Unas vueltas que pretendieron mostrar otros nombres, otros paisajes y otros debates, opacados casi siempre por las luces montevideanas, pero que son, en definitiva, la materia que hace al Uruguay diverso.

Podríamos viajar infinitamente, pero –como cualquier avezado caminante sabrá– más que el ritmo, lo importante es el rumbo, y eso, por suerte, está firme. Ahora llegó el tiempo de estudiar nuevos mapas, hacer un alto para rearmar la mochila, con la esperanzada certeza de que nos volveremos a encontrar en el camino. A todos quienes acompañaron este caminar, muchas gracias.

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Foto: Santiago Mazzarovich.